domingo, febrero 11, 2007

Gauntlet


Hoy, no se muy bien porqué, me he acordado de uno de mis juegos de la infancia: Gauntlet, en su versión para DOS. Este arcade de Atari consistía en controlar a uno de los cuatro personajes a través de multitud de laberintos distintos repletos de magos malvados, goblins, fantasmas...


Cada nivel contenía varios tesoros que se traducían en puntos, pociones con distintos efectos que podías recoger y activar cuando deseases, y una especie de fortines de los que surgían enemigos hasta que estos eran destruidos. ¿El objetivo? Ninguno aparte de acumular el mayor número de puntos antes de morir, pues el juego no tenía otro fin posible.


Personalmente esto me parecía un tanto desesperante, pero también fue una de las causas que me llevó a pasar mucho tiempo delante de este juego. En mi mente no cabía la posibilidad de que ese juego fuese infinito así que me esforzaba por intentar llegar lo más lejos posible, ingenuo de mí, al final llegué a la acertada conclusión de que el juego no tenía fin alguno.

En el juego podías controlar a un guerrero, un mago, una amazona y un elfo. Cada uno tenía su correspondiente habilidad, el guerrero era el más fuerte cuerpo a cuerpo, el mago a distancia, la amazona creo que era la que mejor resistía los golpes y el elfo era el más rápido. El control era sencillo, cuatro teclas servían para el movimiento, otra tecla para atacar y una última tecla para activar las pociones.

Lo más interesante de Gauntlet era que podías jugar de forma cooperativa hasta con otras cuatro personas. Aunque en el teclado esto era realmente complicado ya que, aunque cada personaje tenía sus seis teclas correspondientes en el teclado estas estaban bastante juntas y había que apiñarse para jugar. Pero la comodidad era lo de menos, más de una vez nos juntamos mi hermano, un amigo y yo e intentábamos superar nivel tras nivel para averiguar cual sería el misterioso fin del juego.

A varias manos la diversión se multiplicaba, gritos para que alguien matara a determinado monstruo, peleas para que te dejaran comida la cual te permitía recuperarte, y una dudosa organización para intentar que los enemigos no nos rodearan.

Además el juego incluía una voz que narraba la acción en inglés y que retumbaba de forma metálica dotando al juego de cierto aspecto tétrico que yo, desde luego, no entendía. Todo esto hacía aun más claustrofóbica la experiencia de juego: cientos de monstruos rodeándote, un juego que no te permitía descansar ya que no tenía final, una voz de ultratumba presionándote constantemente...

Pero lo peor era cuando aparecía el personaje de "la muerte", un enemigo cuasi-inmortal que si te alcanzaba te drenaba toda la vida. Entonces la claustrofobia se convertía en pánico por alcanzar la puerta que te llevaba hasta el siguiente nivel.

En definitiva, un juego de los que marcan época y de los que, si los juegas de pequeño te marcan de por vida (aunque parezca exagerado xD ). No por casualidad se convertiría en uno de los iconos de los 80, tendría varios clones, varias secuelas, incluso una novela basada en el juego y acabaría sirviendo de inspiración para otro de los grandes: Diablo, de Blizzard.

En definitiva, a ver si un día de estos lo descargo de Internet, lo emulo gracias a DOS-BOX y vuelvo a intentar alcanzar el final de este mítico juego.

1 comentario:

duende dijo...

No tuve la suerte cuando era más pequeño y no lo pude jugar hasta que hace unos meses lo descargue del bazar de Xbox Live!, así que me imagino que me perdí todo lo bueno. Jugar ahora no tiene tanta gracia





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